Hay días que piden un santuario a su altura, y la Primera Comunión es uno de ellos. Para celebrar la historia de fe de Ana y Arantxa, no buscamos un templo de piedra, sino uno vivo, uno que respirara con la misma serenidad que ellas. Lo encontramos en el paraíso natural de La Primavera, en Culiacán.
Este retrato forma parte de mi manifiesto artístico, “Los Niños Celestiales”, una propuesta que busca transformar la bendición de un sacramento en una obra de arte imperecedera. Y aquí, en este escenario dual, el concepto cobró un nuevo y poderoso significado.
Nuestro viaje comenzó en el corazón del bosque, una catedral de troncos y hojas donde la luz dorada se filtraba como si fueran vitrales sagrados. En la quietud de la tierra, Ana y Arantxa nos mostraron su faceta más serena, dos almas jóvenes en comunión directa con la paz de la naturaleza.
Pero la verdadera revelación nos esperaba al final del día, en el borde del agua. Nos encontramos en los muelles de La Primavera justo cuando la puesta de sol orquestaba un drama de contrastes divinos. El azul profundo del cielo chocaba con los últimos rayos de un sol cálido y naranja. Esa batalla de colores no solo ocurría en el horizonte, sino que volvía a nacer en el reflejo tembloroso del agua. Y en medio de ese choque de elementos, con la solemnidad de su vestido y la auténtica rebeldía de sus zapatillas, estaban ellas: dueñas del instante, serenas ante la inmensidad.
Del santuario íntimo del bosque a la infinita expansión del lago al atardecer; esta galería es la crónica de un viaje completo. Es el testimonio de cómo dos Niñas Celestiales nos mostraron que la fe habita en todas partes: en la tierra firme y en el reflejo cambiante del agua, siempre bajo la misma y amorosa mirada de Dios.
Descubre más sobre mi propuesta de retrato Fine Art para Bautizos y Primeras Comuniones: Los Niños Celestiales.




