Existen dogmas en fotografía, reglas escritas en piedra que nos dicen cómo y cuándo crear. Uno de ellos dicta que la luz dura del mediodía es un enemigo a evitar, una luz difícil que crea sombras duras. Para este proyecto, decidí que esa regla era la primera que quería romper.
En honor al Día de la Mujer, quería crear un retrato que fuera fundamentalmente honesto. Y qué hay más honesto que el sol en su punto más alto, sin filtros, sin trucos.
Mi reto fue simple y a la vez complejo: solo mi cámara, la imponente presencia de Paloma Covarrubias y la luz brutal de las 12 del día en Culiacán.
Quería despojar la sesión de toda producción. Sin guion, sin luces de relleno, sin grandes planes. El objetivo era solo “ser y estar”, dejar que la feminidad se manifestara de forma natural y sin adornos, que la conversación fuera solo entre la luz, ella y el estallido de color de las buganvilias. El estilo buscaba ese look light and airy, pero no lavado.
Un retrato pictórico donde la suavidad no estuviera en conflicto con el potente punch del color rosa, tan representativo y a la vez tan redefinido en esta serie. Queríamos algo universalmente atractivo pero profundamente personal.”Paloma: Un Retrato de Mujer Luz” no es solo el resultado de ese experimento, es mi manifiesto personal, es la prueba de que no hay “luz mala”, solo diferentes tipos de verdad. Y en este día tan significativo, la verdad que encontré en la mirada de Paloma, bajo el sol implacable, fue una de una fuerza serena y una belleza que no necesita de la sombra para brillar con toda su intensidad.




