En este cuerpo de trabajo, documento el acto íntimo y silencioso de compartir territorio con la naturaleza.
No se trata solo de recorrerla, sino de convivir con ella — ser huésped y testigo.
La serie nace durante una caminata de senderismo en el cerro del hípico de Culiacán, entre flores naranjas, bajo la luz cálida del atardecer, y en el inter nos encontramos con el hallazgo del cuerpo de una ardilla. Un desenlace inesperado, pero natural.
La belleza del paisaje convive con los signos de lucha, depredación, supervivencia. Es fácil romantizar la caminata cuando no se es la ardilla desollada. Sin embargo, ese contraste revela lo que nos une al entorno: lo sagrado, lo vulnerable, lo inevitable.
Esta obra busca capturar no solo el gesto físico del ascenso, sino la revelación del mundo como espacio compartido — cambiante, sublime y brutal.
No hay montaje. No hay intervención. Solo luz, tierra, cuerpo y verdad.




